Creemos firmemente en la dignidad humana como pilar de los derechos fundamentales que los Estados se comprometieron a garantizar tras ratificar los tratados internacionales que los protegen. El derecho de asilo es una obligación contraída por la mayor parte de los países, que responde a la necesidad de otorgar protección internacional a aquellas personas desplazadas por la fuerza. La crisis actual, inédita en la Unión Europea, ha puesto en riesgo estos derechos. Devolver la dignidad a los refugiados es el primer paso para garantizarlos.

Tras el desalojo del campo de refugiados improvisado de Idomeni en la primavera de 2016, las cerca de 12.000 personas que esperaban poder cruzar la frontera se han visto atrapadas en Grecia. Se hacinan en campos de refugiados improvisados e insalubres que atentan contra la dignidad humana. Las condiciones de vida son indignas, la alimentación insuficiente y la pasividad del gobierno griego, que recibe fondos de la Unión Europea para la manutención y atención de los solicitantes de asilo, es alarmante. La situación es pero aún en Serbia, donde el gobierno ha perseguido y castigado a los solicitantes de asilo, se han denunciado maltratos y palizas y se les ha detenido y encarcelado.

NUESTRA RAZÓN DE SER

EL ASILO EN CIFRAS

 En 2016 se alcanzó, según el Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la cifra de 67 millones de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo, el peor dato desde la Segunda Guerra Mundial. 

De estos, más de 22 millones de seres humanos tuvieron que cruzar la frontera y huir de sus países para buscar refugio en otros Estados. Más de 2 millones de personas están a la espera de que se resuelva su petición de asilo.

En Grecia hay más de 60.000 personas esperando que se tramite su solicitud de protección internacional. Los refugiados atrapados en Grecia son mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos. 

El 55% de los 22 millones de refugiados provienen de tres países: Siria, Afganistán y Sudán del Sur, estados inmersos en conflictos bélicos. El 50% de ellos viven en Uganda, Turquía, Pakistán, Líbano e Irán, países poco estables. 

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