Kalochori – El origen

Una caravana prestada nos llevó hasta allí. Era miércoles y nos escoltaba un sol de injusticia. A bordo de La Van, una decena de voluntarios. Todos habíamos ido a parar a Grecia bajo una misma premisa: tratar de ayudar, de la manera que fuese, a los refugiados de guerra que desde hace casi dos años llegan de forma masiva al país helénico. Nuestros pasos nos llevaron a Tesalónica, primero, de la mano de la organización Together For Better Days. En el campo de Elpida Factory –un proyecto que busca salvaguardar las condiciones mínimas de vivienda, sanidad y alimentación para los refugiados– nos conocimos. Y el destino quiso que ese 13 de julio nos plantáramos en la zona industrial de un pequeño municipio a las afueras de la segunda ciudad griega. El pueblo se llamaba Kalochori, aunque allí todos lo pronunciaban Kalahori. “Venimos para ayudar”, dijimos nada más cruzar la entrada.

Se podía leer SK Market en grande. Más de 400 refugiados de guerra sobrevivían en tiendas de campaña facilitadas por el ejército griego que se congregaban en el interior y alrededor de ese antiguo mercado en forma de nave industrial. Las condiciones dejaban mucho que desear. En la línea de otros campos que habíamos visitado con anterioridad y donde se nos había denegado la posibilidad de ayudar de forma altruista: Diavata, Oreokastro, Karamanli o el desgarrador Softex.

Mantenían la sonrisa; que no la pierdan

Sorprendentemente, en Kalochori nos acogieron con los brazos abiertos. Realmente eran pocos voluntarios y tenían muchas ganas de mejorar las condiciones de aquel campamento. Necesitaban ayuda urgente. Conocimos a Giulia, la voluntaria con más liderazgo del grupo, y en seguida agradeció nuestra presencia. Al grito de “more people coming to help” nos enseñó las instalaciones donde se concentraban esas 400 personas, que nos recibieron con la mejor de sus sonrisas.

Poco después conocimos a Diane, la máxima responsable del proyecto humanitario desarrollado en el campo de Kalochori. Nos explicó que, debido a presiones del gobierno griego que se encargaban de trasladar los miembros del cuerpo militar (siempre de cuerpo presente), no era posible colaborar en el campamento sin haber llevado a cabo una serie de trámites burocráticos que pueden llegar a durar unos dos meses.

Sin embargo, era tal la necesidad de ayuda que tenían, que Diane fue muy sincera con nosotros: “He alcanzado un acuerdo con los militares para poderos acoger bajo mi paraguas siempre y cuando os comprometáis a respetar sus reglas”. Básicamente se trataba de no sacar fotografías con nuestras propias cámaras, porque intentan llevar con absoluta discreción todo lo que allí dentro se lleva a cabo y porque no quieren que se difundan las condiciones infrahumanas que se viven en los campamentos. Y, por otro lado (y esto era mucho más importante), asegurarnos de dar un trato igualitario a todos los refugiados, evitando cualquier tipo de favoritismo hacia nadie. Además, estábamos obligados a facilitar nuestra documentación a los militares cada día que accedíamos al campamento.

Tensiones y carencias alimenticias

De esa forma nació nuestra implicación con Kalochori y todas esas personas que todavía siguen viviendo allí: como Rashid, Abdallah, Hammad, Zahra, Mimi, Baba, Lovan, Mateo, Jocelyn, Silva, Jamil, Lavin... El número de voluntarios creció en pocos días porque pronto se corrió la voz de que un grupo de españoles estaba ayudando en tareas de construcción y en la escuela, dando clases de inglés tanto a niños como a adultos. Desde Together For Better Days seguían llegando voluntarios que se topaban con problemas para colaborar allí porque ya eran demasiados y poco a poco se fueron enterando de que en Kalochori iban a ser bien recibidos. Así fue como muchos de los miembros de Barcelona Human Aid – Wake up for refugees terminamos enrolados en el proyecto humanitario de Diane.

Desgraciadamente, la situación allí se fue complicando con el paso del tiempo. En cuanto se consolidó un modelo de gestión relativamente solvente, fueron llegando más refugiados. Y también algunos miembros de bandas mafiosas que empezaron a provocar disturbios, tráfico de sustancias y peleas. Como en la mayoría de campamentos de refugiados, en Kalochori se vivieron episodios de violencia por motivos étnicos y muchas tensiones debido a las graves carencias del menú alimenticio que proporcionaba el gobierno griego, siempre a base de los mismos alimentos, ajenos a la dieta habitual en Siria.

Ello dio pie al nacimiento de otro proyecto que marcó un antes y un después: la creación de la Pharma Community Kitchen, una cocina comunitaria que se formó fuera del campamento de Kalochori, pero en el mismo municipio, y que proporcionaba alimentos basados en la gastronomía siria para todos los habitantes del SK Market. Este proyecto actualmente está en 'standby' por la falta de personal para seguir ayudando y la carencia de recursos económicos para cubrir los gastos.

AYUDA URGENTE

Con el afán de apoyar todas las iniciativas solidarias que se llevan a cabo en Kalochori y con la finalidad fundamental de ayudar a cubrir las primeras necesidades de los refugiados decidimos crear Barcelona Human Aid – Wake up for refugees. Desde aquí hacemos un llamamiento a todas las personas que se quieran involucrar desinteresadamente y de la manera que estimen oportuna para colaborar en la mejora de las condiciones de las personas refugiadas. La mayoría de los refugiados viven en unas condiciones paupérrimas y sus expectativas no invitan al optimismo.

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